¿Cuándo fue la última vez que viste la Vía Láctea? Vivimos en un planeta que tiene una vista extraordinaria del cielo nocturno. Los registros históricos muestran que, desde las primeras pinturas y escritos que se conservan, los seres humanos hemos contemplando la expansión infinita que se abre sobre nuestras cabezas y hemos reflexionando sobre nuestro propio significado. Aunque todos deberíamos poder asomarnos a las profundidades del firmamento, es muy probable que no hayas visto el cielo nocturno claramente desde hace bastante tiempo. Hay varias razones de por qué esto es así. En primer lugar, muchos vivimos en lugares donde la contaminación no nos deja ver más allá de lo que hemos creado. En segundo lugar, la mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos inclinados hacia abajo mirando nuestros dispositivos y consumiendo material digital en lugar de inclinarnos hacia atrás para disfrutar de la grandeza que nos trasciende. La tercera y última razón es el problema de la proximidad. La razón por la que la mayoría de nosotros no tenemos una visión clara de las estrellas es la contaminación lumínica. No podemos ver el firmamento a causa de la luz que constantemente hay a nuestro alrededor. Muy pocos de nosotros estamos en algún momento totalmente a oscuras porque siempre tenemos una luz cerca o en nuestro bolsillo.

Todo esto es un poco absurdo. Piénsalo: sobre mi cabeza hay miles de estrellas que brillan con una intensidad que escapa a mi comprensión, y aun así no puedo verlas debido a la farola que se levanta 5 metros por encima de mi cabeza y cuyo brillo es ínfimo en comparación al brillo de una sola estrella. Sobre mí se extiende un mundo de esplendor que los antiguos admiraron durante años, y sin embargo no puedo ver el reflejo de esa belleza sobre mi mano a causa de la tenue luz de mi teléfono. Si no puedo ver ese bello paisaje de estrellas no es porque estas no desprendan luz; el problema es, más bien, mi proximidad a otras luces inferiores.

Vincent van Gogh, Noche estrellada , óleo sobre lienzo, 1889.

Las luces mayores no se imponen. Llaman nuestra atención desde la distancia, pero eso significa que a menudo las pequeñas luces de la vida las empujan a un lado. Eso es contaminación lumínica.

La culpa de que no distingamos las luces mayores no es de la distancia que hay entre ellas y nosotros. Pensar así también sería absurdo. En realidad, es una gran bendición vivir a una gran distancia de las estrellas. Si estuviéramos más cerca de la estrella más cercana, el sol, arderíamos bajo su fuego abrasador. Me gusta mirar el sol, pero nunca he querido viajar hasta allí. El dolor sería insoportable.

La gente a menudo pregunta: “¿Por qué Dios no es más visible?”. Podría ser la contaminación. Podría ser el pecado. Podría ser que las consecuencias del destrozo que hemos causado en este mundo no nos deja ver más allá de lo que hemos creado. Podría ser que la mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos inclinados hacia abajo centrados en los problemas del día a día en lugar de inclinarnos hacia atrás para considerar si hay un Gran Ser que nos trasciende y resuelve problemas. Podría ser el problema de la proximidad. La majestuosidad de un Dios todopoderoso brilla iluminando la creación y nuestros corazones, pero se desvanece entre las pequeñas luces de los artículos que reclaman nuestra adoración.

Todo esto es un poco absurdo. Piénsalo: existe un Dios todopoderoso que es el fundamento del amor y ama eternamente, y sin embargo no puedo ver a ese Dios debido a los pequeños amores próximos a mí que no son más que una ínfima parte del amor divino. Existe un Dios eterno que todo lo sabe y que desea que yo lo conozca, pero no logro comprenderlo y Dios parece distante porque dentro de mi definición del conocimiento Dios no es algo que se pueda demostrar.

La Luz Eterna, cuya especialidad es crear orden a partir del caos, no se impone inmediatamente. Dios llama nuestra atención, pero a menudo el caos de nuestra vida empuja la voz de Dios a un lado. Eso es contaminación lumínica.

En realidad, es una gran bendición a corto plazo vivir a una gran distancia de un Dios Santo. Si estuviéramos mucho más cerca, probablemente arderíamos bajo la luz abrasadora de su perfección. Me gusta mirar a Dios, pero dudo si quiero estar con Dios. El dolor sería insoportable. Y, sin embargo, parece que fui creado para “estar con” y con el anhelo de “intimidad”. El problema de la proximidad es doble. No puedo ver claramente cuando estoy cerca de luces pequeñas y no puedo vivir si estoy demasiado cerca de una gran luz. Para que yo pueda vivir de verdad, o Dios se acerca mí en una forma que yo pueda soportar, o Dios hace algo en mí que me permita resistir su presencia. Podría ser las dos cosas. Después de todo, el “que tocamos con nuestras propias manos” también dijo “Yo soy la luz del mundo”.

 

Nathan Rittenhouse

Miembro del equipo de conferenciantes de RZIM
 

 

 

Traducción: Dorcas González Bataller