En cierta ciudad vivía un zapatero remendón llamado Martin Avdeitch. Martin vivía en una pequeña habitación con una única ventana desde la que solo se veían los pies de la gente al pasar. Pero como casi todas las botas de la ciudad habían pasado por sus manos en algún momento, nuestro protagonista reconocía a las personas por sus zapatos. Día tras día trabajaba en aquel sótano, viendo las botas pasar. En cierta ocasión soñó que frente a su ventana se detendrían los pies del Maestro, y se pasó todo el día esperando. En su lugar, se detuvieron durante un largo rato las botas raídas de un viejo soldado. Aunque decepcionado al principio, Martin pensó que aquel hombre debía tener hambre y le invitó a entrar para ofrecerle un lugar junto al fuego y una taza de té. Esa tarde tuvo más visitas y, aunque desafortunadamente ninguna de ellas era Cristo, las invitó a pasar. Cuando ya al final del día se sentó a descansar, Martin oyó una voz que susurraba su nombre mientras leía las siguientes palabras: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me disteis alojamiento. Os aseguro que todo lo que hicisteis aún por el más pequeño de estos, por mí lo hicisteis”. [1]

En casa, cada Navidad leemos la historia de Martin, el zapatero remendón porque nos ayuda a recordar lo que celebramos. Esta historia de Tolstói es un intento creativo de captar el asombro que produce un Dios que se acerca, y una ilustración accesible que nos ayuda a visualizar el regalo de Cristo entre nosotros. Con razón Tolstói inicialmente tituló esta historia Donde hay amor, ahí está Dios.

La historia que marca el calendario cristiano nos ofrece, a aquellos que nos regimos por él, la oportunidad de recordar la venida de Cristo a un contexto concreto: nació en Belén, en un humilde pesebre, y aquello sería la primera Navidad. Pero también nos recuerda que día tras día tenemos la oportunidad de prepararnos para la visita de Cristo una y otra vezAl igual que Martin, que esperaba expectante al pie de la ventana, la cosmovisión cristiana nos invita a preguntarnos cada día del año: ¿De qué forma se va a acercar Cristo hoy? ¿Esperaré lo suficiente para verle? ¿Estoy preparado para reconocerle? ¿Vivo con la expectativa de encontrármelo? La Biblia nos anima a estar alerta, a estar preparados, a disponer continuamente nuestro corazón y nuestra mente para el encuentro con aquel que ya está cerca. Al mismo tiempo, la historia de la Navidad también nos recuerda que Cristo a veces aparece de la forma más inesperada: como un bebé en Belén, un hombre en una cruz, como una mujer necesitada.

En la Epístola a Tito, que encontramos en el Nuevo Testamento, dice que “Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación”. ¿De qué forma y dónde se aparecerá la gracia esta semana? Para estar alerta ante la infinidad de posibilidades, reflexiona en todo lo que Dios nos ha ofrecido, por radical que suene: un Dios haciéndose bebé para acercarse a nosotros; un redentor dispuesto a morir por nosotros; un Dios dispuesto a redefinir el concepto de cercanía. Todo eso para que podamos estar donde está Dios. La fe cristiana no es un sistema de escape para evadir la realidad, para vivir indiferentes a ella, o para redefinirla.La fe cristiana es el camino que nos lleva a entender la realidad y, con la gracia y la ayuda de Dios, caminar por ella hacia nuestro hogar eterno en la presencia de Dios.

La historia que Dios nos ha dejado sí alimenta al hambriento, sí acoge al forastero y sí orienta al extranjero que anhela regresar a casa. El centro de la venida de Cristo es el mensaje de Emanuel: Dios con nosotros. El centro del ministerio de Cristo en la tierra es la declaración de la cruz: Dios está de nuestra parte. Y el centro de la resurrección de Cristo es la promesa de un futuro y de su regreso inminente: Dios nos llevará de vuelta a casa. Hasta entonces, Dios está entre nosotros, incluso en los lugares más insospechados.

 

Stuart McAllister

Directivo y conferenciante internacional de RZIM
 

 

 

Traducción: Dorcas González Bataller

[1] Cuento de León Tolstói.