Vivimos en una época en que la apologética es indispensable. No obstante, necesitamos una apologética cristiana que no solo sea escuchada, sino también vista. La apologética lidia con los interrogantes difíciles dirigidos a la fe cristiana. Puesto que yo también me he postulado preguntas intensas, siempre escucho con cuidado las dudas de los demás. He comprendido que detrás de toda pregunta hay un interrogador. Cuando las luchas intelectuales y existenciales convergen, las personas despliegan una honestidad feroz en las preguntas que plantean.

El evangelio de Cristo es hermoso y verdadero. No obstante, en ocasiones preguntamos: «¿Cómo es posible que solo exista un camino?» Es curioso que no presentamos la misma duda frente a las leyes de la naturaleza o frente a la mayoría de aseveraciones que declaran veracidad. Quedamos desconcertados ante reconocer que la verdad es exclusiva por definición. Esta es la naturaleza fundamental de las afirmaciones de verdad.

El asunto es, ¿cómo podemos saber que esto es verdadero?

Todo el mundo tiene una cosmovisión, religiosa o no. Una cosmovisión ofrece respuestas a cuatro preguntas imprescindibles: el origen, el sentido, la moralidad y el destino. A su vez, las respuestas deben resultar certeras en preguntas particulares y deben ser coherentes en conjunto.

Además, toda cosmovisión debe ser sometida a las tres pruebas de veracidad: consistencia lógica, suficiencia empírica y relevancia práctica. Cuando sometemos el mensaje cristiano a estas pruebas, resulta único y cumple los requerimientos de la verdad.

Examinemos cómo resulta la prueba empírica de Jesucristo, con sus enseñanzas y obras. Al considerar la historia de la humanidad, vemos por qué Jesús era quien decía ser y por qué millones de personas lo siguen en la actualidad. Si comparamos las enseñanzas de Cristo con las de otros aspirantes a un estatus divino o profético, podremos reconocer las diferencias enormes en sus credos y demostraciones. De hecho, Jesús fue el único que declaró ser el Salvador divino. Su oferta de gracia y perdón al ser el sacrificio perfecto por nuestras ofensas (para que «en él recibiéramos la justicia de Dios») es absolutamente única.

Yo concibo la secuencia del hecho y la deducción de esta manera: el amor es la ética máxima. Donde hay la posibilidad del amor, deberá existir la realidad del libre albedrío. Donde tengamos libre albedrío, habrá, de manera inevitable, la posibilidad del pecado. Si hay pecado, entonces se necesita un Salvador. Al tener un Salvador, existe la esperanza de ser redimidos. Solo en la cosmovisión judeocristiana se evidencia y se cumple esta secuencia. La historia del pecado a la redención solo se encuentra en el evangelio, que ofrece, de manera definitiva, un Dios de amor.

Verificar lo que Jesús enseñó, describió e hizo provoca que creer en él sea una realidad sostenible desde la razón y existencialmente satisfactoria. Desde la cosmología a la historia y la experiencia humana, el cristianismo tiene una capacidad explicativa que no exhibe ninguna otra cosmovisión. Nuestra fe y confianza en Cristo están fundamentadas en la razón y se sostienen en la práctica.

Yo nací y me crie en la India, de donde también son mis padres. Mis ancestros eran sacerdotes de la casta más alta del hinduismo en el sur de la India hace muchas generaciones. Conocí a Cristo tras una vida de fracasos considerables. Puesto que no podía lidiar con las consecuencias que enfrentaba, decidí acabar con mi vida. Estando al borde del suicidio, alguien me entregó una Biblia. Entonces, en mi desesperación, acepté a Jesús en mi vida. Fue una oración, una súplica, un compromiso y una esperanza.

Yo no conocía lo que me aguardaba en el futuro, pero sabía que estaba a salvo en los brazos de Jesús. Hoy, más de cincuenta años después, quedo maravillado por la gracia de Dios y estoy convencido de que solo en Jesucristo encontraremos las respuestas a las preguntas más profundas de la mente y el corazón.

 

Extracto de La lógica de Dios: 52 fundamentos cristianos para el corazón y la mente, de Ravi Zacharias (Editorial Vida, 2020). Utilizado con permiso.
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Ravi Zacharias

Ravi Zacharias

Fundador de RZIM.