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Siete lecturas de verano

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¿No sabes qué libros llevarte de viaje? Aquí tienes algunas recomendaciones. ¡Que los disfrutes!

Les hemos preguntado a algunos de los moderadores de RZIM Academy en español que nos recomienden algunas lecturas para el verano: libros que inspiren, que nos ayuden en nuestro caminar con Dios, o que nos motiven a profundizar en la fe cristiana.

Caminando con Dios a través del dolor y el sufrimiento (Timothy Keller)

“Cuando se hace la pregunta ¿dónde está Dios en medio del dolor y el sufrimiento?, nos damos cuenta de la complejidad de la pregunta porque no es solo una cuestión intelectual, sino también emocional. En este libro Timothy Keller explora desde distintas perspectivas el problema del mal, desde un punto de vista antropológico y teológico, hasta una perspectiva más cercana que habla de un Dios que camina con nosotros en medio del dolor y el sufrimiento”.
— Miguel Rey

 

Crónicas de Narnia (C. S. Lewis)

“Por supuesto, siempre aconsejaré la lectura de las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis. Por su sencillez puede ser leído a partir de 10 años; sin embargo, encierran verdades y hechos profundos de la Biblia y el evangelio que un adulto puede disfrutar”.
— Noemí García Berrocal

 

El contrabandista de Dios (Hermano Andrés, con Juan y Elisabet Sherrill)

“Es el testimonio de uno de los héroes de la fe de nuestro tiempo, el Hermano Andrés. Su historia impactó e inspiró mi vida y mi visión sobre la misión. Su legado tiene gran repercusión actualmente, pero muchos lo desconocen, aunque sin duda tú mismo o alguien cercano estará involucrado con ello. ¿Quieres saber qué es? Pues, prepárate para el spoiler que te voy a contar…. ¡Es broma! Te animo a leer su historia y dejarte ser inspirado por las pequeñas acciones que, en manos de Dios, siempre son grandes”.
— Clívison Menezes

 

El progreso del peregrino (John Bunyan)

“Escrito en el siglo XVII por el inglés John Bunyan durante su encarcelamiento por predicar el evangelio, este libro narra las experiencias de Cristiano desde que decide abandonar su ciudad natal llamada Destrucción hasta que llega a la Ciudad Celestial. Por el camino encuentra todo tipo de personas, pruebas y tentaciones, así como ayuda, aliento y advertencias. Escrito hace más de 300 años, es un libro muy actual en el que te puedes ver reflejado en tu caminar cristiano. El predicador C. H. Spurgeon lo leyó unas cien veces a lo largo de su vida”.
— Noemí García Berrocal

 

Gracia abundante al primero de los pecadores (John Bunyan)

“Muy interesante también, de John Bunyan, es Gracia abundante al primero de los pecadores. En este libro, Bunyan describe cómo era su vida antes y después de ser salvado por Cristo. Es conmovedor cómo narra su angustia al saber que estaba totalmente perdido y la lucha que enfrenta con su pecado y el sentimiento de culpa hasta que por fin es salvado por Jesús”.
— Noemí García Berrocal

 

La cruz del rey (Timothy Keller)

“Es uno de mis libros favoritos. Timothy Keller te conduce por el evangelio de Marcos (suele ser el menos conocido de los cuatro), ayudándote a redescubrir un Jesús, tanto Dios como humano, que no habías conocido. De manera magistral, Keller te atrapa en la narrativa del evangelio de Marcos y presenta, de manera sencilla pero profunda, un Jesús y el evangelio de una manera totalmente novedosa y cautivadora. ¿Quieres regalar un libro a un amigo o a una amiga que quiere saber más sobre Jesús o el evangelio? ¡Este es el libro! Pero antes, date el regalo a ti mismo de leerlo, no te vas a arrepentir. Por cierto, si te resulta difícil entender la Trinidad, con este libro Keller te lo hace fácil”.
— Clívison Menezes

La cruz del Rey es un libro que te transformará por completo, pasando desde una imagen innovadora e impactante de la Trinidad hasta la muerte de Jesús, el Rey; dando significado y explicación del ser humano, de una forma excepcional. Un libro para leer y releer”.
— Elisabet Roca

 

¿Por qué la Reforma aún importa? (Tim Chester y Michael Reeves)

“En ocasiones la Reforma es vista como algo lejano, algo que ocurrió que es importante conocer pero que ya no influye en la manera de entender nuestra relación con Dios. En este libro Tim Chester y Michael Reeves nos muestran cómo en realidad la Reforma tiene mucho que decir todavía, respondiendo preguntas tan actuales como ¿quién soy yo?, ¿cuál es nuestro problema?, ¿podemos conocer verdaderamente a Dios?, o ¿qué diferencia marca Dios los lunes por la mañana?”
— Miguel Rey

Huyendo de la realidad

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Decir que encontrar el sentido de la vida es una ilusión puede aliviarnos, en parte, de la angustia que a veces sentimos cuanto intentamos comprender nuestra existencia. Pero lo plantees como lo plantees, es difícil huir de la realidad. Michael Ramsden reflexiona sobre este tema.

Woody Allen dijo en una ocasión: “¿Y si todo es una ilusión y nada existe? En ese caso, he pagado de más por esta alfombra”.

Aunque dicha en un contexto humorístico, esa cómica ocurrencia refleja el sentir de una escuela de pensamiento que existe desde hace muchos siglos. Recientemente, alguien de Oriente contó una divertida historia de un gurú que estaba explicando lo que la “teoría de la ilusión” dice sobre el dolor y el sufrimiento. Poco después de finalizar su discurso, que duró horas, uno de sus discípulos lo vio pasar corriendo, escapando de un elefante salvaje que le perseguía. Cuando por fin bajó del árbol donde se había puesto a salvo, su discípulo le preguntó: “Si el dolor y el sufrimiento son ilusorios, ¿por qué saliste corriendo?”. Después de un breve silencio, el gurú le contestó: “El elefante es una ilusión, mi huida es una ilusión, todo es una ilusión”. Leer más

El fundamento del escepticismo

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Hace unos días estaba leyendo un periódico online y, como me suele ocurrir, acabé yendo a las páginas sobre religión. Me llamó la atención una larga lista de religiones del mundo, que recogía la descripción de las creencias y las principales prácticas de cada una de ellas. Curiosamente, el ateísmo aparecía en la lista como una religión más. Y sin embargo, el apartado donde se describían las principales creencias de los ateos empezaba diciendo: “El ateísmo no es una creencia”. ¿Es posible describir un sistema de creencias como la ausencia de creencia? 

Aunque el ateísmo sostiene la no creencia en Dios, aparece acertadamente entre los muchos sistemas de creencias que intentan explicar la existencia. Puesto que la cosmovisión atea ofrece una perspectiva concreta del mundo, como el cristianismo o el hinduismo, necesita partir de unos supuestos o creencias: que el mundo es ordenado y conocible, que podemos fiarnos de nuestros sentidos e intelecto para descubrir la verdad, que en la naturaleza hay una uniformidad que se extiende del pasado al futuro. En el fundamento de todas las cosmovisiones encontramos una serie de creencias que se asumen por fe. Por tanto, la pregunta que debemos hacernos es la siguiente: ¿Qué fe ofrece el fundamento más coherente para entender el mundo? 

Algunos sostienen que la insistencia atea de que la razón es el fundamento de la no creencia supone una incoherencia en sí misma. “Las razones necesitan que este universo sea un universo razonable que presupone que hay orden, lógica, diseño y verdad. Pero el orden, la lógica, el diseño y la verdad solo pueden existir y ser conocidos si existe una fuente objetiva inmutable y unos parámetros en los que estos se dan […] Como todas las cosmovisiones no teístas, el darwinismo toma prestado de la cosmovisión teísta para que su perspectiva sea inteligible”.  (1) Dicho de otro modo, el fundamento de la fe atea da lugar a una estructura de interpretación poco sólida.

Lucas Cranach el Viejo, Lamentación, óleo sobre tabla, 1538.

Ya sea de forma arrogante o valiente, lo cierto es que Jesús de Nazaret se presenta a sí mismo como fundamento para creer. “Todo el que oye estas palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vinieron las lluvias, crecieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena”. (2) A unos quizá les suena arcaico o extraño. “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida […] Yo soy la puerta; el que entre por esta puerta, que soy yo, será salvo […] Yo soy el camino, la verdad y la vida”. (3) Otros, quizá encuentran ecos de ese fundamento valiente y arrogante en esa sabiduría contemporánea que ocasionalmente clama por algo más sólido.

En 1960, el conocido psicólogo y ateo declarado Hobart Mauer escribió un artículo titulado “Sin, the Lesser of Two Evils” [El pecado, el menor de los males], en el que relacionaba la pérdida de humanidad con nuestros intentos por liberarnos de la idea de pecado. “Al convertirnos en amorales, éticamente neutrales y libres, hemos cortado las raíces de nuestro ser y perdido nuestro sentido profundo de identidad. Y junto a los neuróticos nos preguntamos ‘¿Quién soy? ¿Cuál es mi destino último? ¿Qué significa vivir?’”. (4)

En el Museo del Holocausto de Washington D. C. hay un altar de madera proveniente de una sinagoga que fue profanada por los soldados nazis que llegaron a la ciudad para llevarse a los ciudadanos judíos. La única inscripción que hay sobre el altar es una frase en hebreo grabada en la madera. A pesar de los hachazos que intentaron borrar aquellas palabras, la frase aún se puede leer. Simplemente dice: Reconoced delante de Quién estáis.

Podemos intentar erradicar al que está en el fundamento. Podemos desestimar las declaraciones atrevidas de Jesús por arcaicas y arrogantes. Pero eso nunca negará su presencia, ni tampoco su capacidad para responder con su propia persona las preguntas sobre la identidad del ser humano, sobre tu identidad.

Jill Carattini es directora editorial del blog “A Slice of Infinity” de la web de RZIM.
Traducción: Dorcas González Bataller

(1) Norman Geisler and Frank Turek, I Don’t Have Enough Faith to Be an Atheist (Wheaton, IL: Crossway Books, 2004), 130.
(2) Mateo 7:24-26.
(3) Juan 8:12; 10:9; 14:6.
(4) Cf. Hobart Mowrer, “Sin, the Lesser of Two Evils,” American Psychologist, 15 (1960): 301-304).

Preguntas que invitan a la reflexión

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Margaret Manning Shull reflexiona sobre la importancia de hacer preguntas y las distracciones que nos impiden escuchar bien las respuestas que recibimos.  

Regresar a la universidad en la mediana edad me ha llevado a redescubrir la importancia de hacer preguntas. Por un lado están las preguntas prácticas ─¡y sumamente importantes!─ sobre el funcionamiento de cada asignatura. Por ejemplo: ¿debo usar una guía de estilo concreta a la hora de redactar los trabajos? O ¿qué materia entrará en el próximo examen? Por otro, están las preguntas fruto de la curiosidad por un tema en particular, y las preguntas de investigación que ayudan al estudiante a profundizar más y más en su área de estudio. Leer más

¿Qué te ha pasado en las manos?

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A menudo cito lo que el periodista y presentador estadounidense Larry King dijo cuando alguien le preguntó: “Si pudieras entrevistar a cualquier personaje de la historia, ¿a quién escogerías?”. King respondió que le encantaría entrevistar a Jesucristo. Continuó diciendo: “Le preguntaría si realmente nació de una virgen. En mi opinión, la respuesta a esa pregunta es la clave para entender la historia”. La primera vez que pedí permiso para citarle, a través de un amigo en común, King contestó afirmativamente y añadió: “Y dile que no estaba bromeando”. Le creo. ¿A quién no le gustaría entrevistar a Jesús? 

No es posible vivir sin hacer preguntas. Y para encontrar respuestas, ¿qué mejor fuente que aquel que dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”? Si pudiéramos estar cara a cara con aquel de quien proviene la vida, qué deliciosos serían esos momentos en los que nos acechan las preguntas más desconcertantes y dolorosas. Aquellos hombres que iban de camino a Emaús, que aún no eran conscientes de que caminaban junto al Jesús resucitado, explicaron que el corazón les ardía cuando él les desvelaba el pasado, el presente y el futuro. Cuando se dieron cuenta de quién se trataba, fue como si se hubiera encendido la luz que alumbraba toda la historia.

Del mismo modo, cuando llegue el momento de sentarnos a la mesa con el Señor de la historia, puede que la respuesta para el escéptico y el creyente sea tan visible que no haga falta decir nada. Este es el pensamiento que me vino a la mente al leer la pregunta que aparecía en un cuadro que vi en la oficina de un pastor en Puerto Rico. Ya desde la puerta, mis ojos se clavaron en aquella obra que quedaba frente al escritorio. En ella, una niña sostenía la mano de Jesús, que la miraba con ternura mientras ella le preguntaba: “¿Qué te ha pasado en las manos?”. Sospecho que esa pregunta responde a la duda del escéptico, a la hipocresía del creyente y a la desesperación del que sufre.

Además, añade profundidad a la pregunta de Larry King. El nacimiento virginal probablemente solo sirva para demostrarle al escéptico que el naturalismo no puede explicar la existencia del universo, para probarle que Dios ha intervenido de forma sobrenatural en la historia. En un marco sobrenatural eso es posible. Pero “¿Qué te ha pasado en las manos?” responde a qué es lo que hizo falta para salvarme de un intelecto egoísta o de una moralina arrogante. Ofrece una respuesta visual de lo que Cristo estuvo dispuesto a hacer para encontrarse conmigo en medio de mi dolor, y me lleva a un lugar en el que ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Entierra a ese ego que solo busca engrandecerse y hace renacer a la persona que Dios creó de forma única. Dicho de otro modo, en la cruz lo pierdo todo para poder obtener mi mayor ganancia.  Cuando el escéptico y el creyente logran ver las marcas que nos hacen exclamar “¿Qué te ha pasado en las manos?”, las preguntas de la vida cesan y las respuestas brotan de lo más profundo del alma.

Desde los periodistas como Larry King hasta cualquiera de nosotros que batalla con las preguntas de la vida, la respuesta es la misma para todos. Cuanto más mayor me hago más creo que no es que nos falten evidencias, ni tampoco que nos falte el conocimiento sobre qué significa realmente seguir a Jesús. A la mayoría, lo que nos falta es la valentía y el contentamiento para ir a la cruz y morir a nosotros mismos, para hacer que el mundo pregunte “¿Qué te ha pasado en las manos?”. Es en la cruz donde convergen el propósito de la historia y el propósito de la vida. Seguiremos teniendo preguntas. Pero, en mi opinión, ambos nos recuerdan a dónde nos deben llevar en última instancia las respuestas. Con esto en mente, Calvin Miller dijo:    

“El sermón y el Espíritu siempre trabajan juntos para traer liberación. A veces el Espíritu y el sermón sí ofrecen respuestas directas a las necesidades del ser humano, pero la mayoría de las veces responden de forma indirecta. El sermón, por más apasionado que sea, no puede solucionar esos problemas irresolubles. Más bien, junto con el Espíritu, el sermón muestra que tener respuestas no es fundamental. Lo que sí es fundamental es ser consciente de la presencia de Dios durante las etapas oscuras de incertidumbre. Nuestra necesidad de obtener respuestas desaparece ante la perspectiva del Señorío de Cristo sobre todas las preguntas: las que tienen respuestas y las que no”. 

De la reflexión de Miller, solo cambiaría la última línea para que dijera: “las que tienen respuestas intelectuales y las que trascienden el intelecto”. O mejor aún: “las que Belén puede responder y las que solo el Calvario puede responder”.

 
 

Ravi Zacharias
Fundador y presidente de la de junta de RZIM

 

 

Traducción: Dorcas González Bataller

Luto por el trágico accidente aéreo de Ethiopian Airlines

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John Njoroge estaba facturando para volar a Addis Ababa con Ethiopian Airlines cuando vio que el vuelo ET302 acababa de estrellarse y que de las 157 personas a bordo no había ni un superviviente. Lee esta emotiva y profunda reflexión.

 

En este mundo no faltan recordatorios de la brevedad y la fugacidad de la vida. Hace miles de años, el autor del libro de Eclesiastés que aparece en la primera mitad de la Biblia, dijo que cuando miramos la vida desde una perspectiva horizontal (la expresión que usa hasta 28 veces es “bajo el sol”) esta no tiene sentido alguno. Los filósofos existencialistas como Jean Paul Sartre y Albert Camus lo dijeron bien claro: salvo el sentido reducido y subjetivo que cada uno puede dar a su propia vida, la existencia humana carece de un sentido último y objetivo. Como alguien ha dicho, “Primero la vida es dura, y luego te mueres”. Leer más

El problema de la proximidad

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¿Cuándo fue la última vez que viste la Vía Láctea? Vivimos en un planeta que tiene una vista extraordinaria del cielo nocturno. Los registros históricos muestran que, desde las primeras pinturas y escritos que se conservan, los seres humanos hemos contemplando la expansión infinita que se abre sobre nuestras cabezas y hemos reflexionando sobre nuestro propio significado. Aunque todos deberíamos poder asomarnos a las profundidades del firmamento, es muy probable que no hayas visto el cielo nocturno claramente desde hace bastante tiempo. Hay varias razones de por qué esto es así. En primer lugar, muchos vivimos en lugares donde la contaminación no nos deja ver más allá de lo que hemos creado. En segundo lugar, la mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos inclinados hacia abajo mirando nuestros dispositivos y consumiendo material digital en lugar de inclinarnos hacia atrás para disfrutar de la grandeza que nos trasciende. La tercera y última razón es el problema de la proximidad. La razón por la que la mayoría de nosotros no tenemos una visión clara de las estrellas es la contaminación lumínica. No podemos ver el firmamento a causa de la luz que constantemente hay a nuestro alrededor. Muy pocos de nosotros estamos en algún momento totalmente a oscuras porque siempre tenemos una luz cerca o en nuestro bolsillo. Leer más

El autor que irrumpe en su propia historia

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El escritor de ciencia ficción Kurt Vonnegut dijo una vez de uno de sus personajes más recurrentes: “Trout es el único personaje que he creado con la suficiente imaginación como para sospechar que él mismo podría ser la creación de otro ser humano. En varias ocasiones le habla de esa posibilidad a su loro. Por ejemplo, en cierta ocasión le dice: ‘Francamente, Bill, si miras cómo me van las cosas, la única explicación que se me ocurre es que soy el personaje de un libro escrito por un autor que quiere escribir sobre alguien que siempre sufre”(1). En esa escena del libro El desayuno de los campeones, la sospecha de Kilgore Trout se confirma de forma palpable. Está sentado en un bar, tranquilo. De repente ocurre algo que le sobrecoge: alguien o algo ha entrado en el local. Él empieza a sudar, consciente de una presencia que le incomoda, pues es preocupantemente mayor que él.  Leer más

¿Dónde está Dios?

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En cierta ciudad vivía un zapatero remendón llamado Martin Avdeitch. Martin vivía en una pequeña habitación con una única ventana desde la que solo se veían los pies de la gente al pasar. Pero como casi todas las botas de la ciudad habían pasado por sus manos en algún momento, nuestro protagonista reconocía a las personas por sus zapatos. Día tras día trabajaba en aquel sótano, viendo las botas pasar. En cierta ocasión soñó que frente a su ventana se detendrían los pies del Maestro, y se pasó todo el día esperando. En su lugar, se detuvieron durante un largo rato las botas raídas de un viejo soldado. Aunque decepcionado al principio, Martin pensó que aquel hombre debía tener hambre y le invitó a entrar para ofrecerle un lugar junto al fuego y una taza de té. Esa tarde tuvo más visitas y, aunque desafortunadamente ninguna de ellas era Cristo, las invitó a pasar. Cuando ya al final del día se sentó a descansar, Martin oyó una voz que susurraba su nombre mientras leía las siguientes palabras: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me disteis alojamiento. Os aseguro que todo lo que hicisteis aún por el más pequeño de estos, por mí lo hicisteis”. [1] Leer más

El ateísmo: tan antiguo como el mundo

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Pensamos que el ateísmo es una filosofía moderna, que la ciencia y su legado han dado lugar a la autonomía y a nuestra soledad en el universo. No es así. Puede que haya tardado en formalizarse y en obtener cierto respeto intelectual, pero la pregunta se remonta al principio de los tiempos. Desde los inicios, la pregunta no giró en torno al origen de las especies sino en torno a la autonomía de las especies. Somos más dados a citar el debate entre Wilberforce y Huxley o el conflicto entre Galileo y la Iglesia que a mirar hacia atrás y ver dónde empezó la verdadera tensión. Leer más