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En memoria de Ravi Zacharias (1946-2020)

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Un servicio conmemorativo global en directo honrará la vida de nuestro fundador, el evangelista y apologeta cristiano Ravi Zacharias, que falleció el 19 de mayo tras una breve lucha contra el cáncer. La celebración de la vida y el legado de Ravi será se retransmitirá en directo en YouTube y en Facebook.

Ravi Zacharias pasó los últimos 48 años viajando por el mundo para encomendar la fe cristiana y abordar las grandes preguntas existenciales del origen, el significado, la moral y el destino con elocuencia y gracia ante una gran variedad de públicos. A través de la fundación de Ravi Zacharias International Ministries (RZIM) y de su liderazgo, Ravi lanzó un equipo internacional de casi 100 académicos y autores cristianos que continúan dando conferencias, ofreciendo recursos, dando formación y abordando las preguntas de millones de personas en todo el mundo.

 

«La historia del evangelio es la historia de la vida eterna. Mi vida es única y perdurará eternamente en la presencia de Dios. Nunca dejaré de existir. Nunca estaré perdido porque siempre estaré con Aquel que me rescata».

Ravi Zacharias, Seeing Jesus from the East (Viendo a Jesús desde el Oriente), Zondervan 2020

 

Los tributos a Zacharias incluirán homenajes de familiares y amigos, como el presidente de RZIM, Michael Ramsden; el deportista y autor Tim Tebow; el pastor principal de Brooklyn Tabernacle, Jim Cymbala; y el fundador del Movimiento Passion, Louie Giglio. Participarán los artistas musicales Matt Redman y Lecrae.

Fecha
Viernes, 29 de mayo

Hora
El programa comienza a las 11:00 a.m., Eastern Time (ET). (17:00 hora española peninsular)
(Después de la emisión en directo, el vídeo estará disponible para visualizarlo en cualquier momento).

Dónde
Livestream en YouTube o Facebook.

Créditos de la imagen: Carlo Millan.

En busca de espiritualidad

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En la actualidad, existe un interés creciente por la nueva espiritualidad. Con su enfoque inclusivo de la religión y su énfasis en las disciplinas espirituales, Oriente se ha vuelto enormemente atractivo. La espiritualidad oriental ofrece una amplia variedad de opciones entre las que elegir según convenga. Destacan el yoga, la astrología, la sanación holística y la meditación trascendental, entre muchas otras.

A veces, el término “espiritualidad” se utiliza de forma muy imprecisa. Gordon Wakefield ofrece una definición muy útil que dice que “en todas las tradiciones (cristianas), y en muchas creencias y filosofías no cristianas, la implicación principal es que existe un componente en la naturaleza humana que busca conectar con el fundamento y el propósito de la existencia, se entienda como se entienda”.(1) La Biblia describe esta situación como una consecuencia de la obra de Dios en nosotros para que, de alguna manera, la humanidad desee y busque lo Divino.(2) A lo largo del tiempo, esta verdad básica sobre la naturaleza humana ha tomado diferentes formas y expresiones. Leer más

Si Dios existe, ¿por qué permite el coronavirus?

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Vince Vitale aborda con seriedad esta pregunta, poniendo en el centro el sufrimiento y el dolor del mundo y la reacción de Dios

Si Dios existe, ¿por qué permite el coronavirus? Los filósofos a menudo abordan el porqué del sufrimiento desde su torre de marfil. Quizá alguno de nosotros también nos hemos acercado a este tema de ese modo. Pero ahora mismo nadie se está haciendo esta pregunta de una forma fría y teórica. En lugar de servir como material para un buen ejercicio mental, en muchos lugares del mundo este “¿Por qué?” es una pregunta genuina, incluso desesperada.

Cuando oigo una pregunta como esta, siempre trato de recordar la primera conversación que tuve sobre el tema del sufrimiento después de convertirme al cristianismo en mis años de universidad. Fue con mi tía Regina. Me habló del sufrimiento que llevaban sobre sus hombros tanto ella como su hijo —mi primo Charles. En ese momento, a mí me interesaba más la pregunta, la pregunta filosófica, que la persona que hacía la pregunta. Así que después de escucharla, rápidamente le solté algunas de mis explicaciones teóricas y abstractas de por qué Dios podría haber permitido que Charles sufriera de aquel modo. Mi tía Regina me escuchó con paciencia y, al final de mis reflexiones desconsideradas, dijo: “Pero Vince, como madre, todo eso no me dice nada”. Desde entonces, trato de recordar sus palabras cada vez que abordo una pregunta como la que nos ocupa.

El tono de nuestra respuesta

Jesús se ponía en la piel del otro mucho mejor que yo. Cuando se enteró de que su buen amigo Lázaro estaba enfermo, esperó un par de días antes de ir a verlo y cuando llegó Lázaro ya había muerto. Leyendo entre líneas,(1) es evidente que las hermanas de Lázaro, Marta y María, no estaban muy contentas. Le dijeron a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Es decir: “¿Por qué no has venido antes? ¿Qué tienes que decir en tu defensa?”. Como cristiano, Jesús podría haber dado una explicación en ese mismo momento, pero eso no es lo que hizo con María. En respuesta a sus lágrimas, el texto nos dice que “Jesús lloró”.(2) Es el versículo más corto de la Biblia, y también es muy importante para mí como cristiano porque revela que, en primer lugar, Dios llora por el sufrimiento de este mundo. Así que esa debe ser también nuestra primera reacción.

Me gustaría exponer un par de ideas más en relación a esta pregunta, pero ten en cuenta que este artículo no pretende ser una respuesta exhaustiva.

Dando con la perspectiva adecuada

En primer lugar, es interesante que, cuando en filosofía hablamos de algo como el coronavirus, lo describimos como “mal natural”. Es un término interesante en sí mismo. Podrías pensar que es un oxímoron: Si realmente es natural, si es como se supone que debe ser, ¿puede ser malo? ¿Podemos obtener una categoría moral como el mal de algo físico y natural? Y si realmente es malo, ¿no lo haría eso antinatural en lugar de natural? Me pregunto si, en lugar de anular a Dios, tal vez esta clasificación de “mal natural” apunta a Dios; tal vez apunta a un legislador moral que puede ser el fundamento de una norma moral que sustenta una realidad moral que da cabida a una categoría como el mal moral. También me pregunto si apunta a una narrativa que explica el hecho de que el estado actual de nuestro mundo parece totalmente antinatural; tenemos esa intuición innata de que las cosas no son como se supone que deberían ser.

Otra perspectiva que merece la pena considerar es que los males naturales no son intrínsecamente malos en sí mismos. Por ejemplo, un tornado visto desde una distancia segura puede ser majestuoso e impresionante y llenarnos de asombro. De la misma manera, si observamos un virus con un microscopio podemos contemplar la belleza de su forma y complejidad. Existe incluso una categoría de “virus amistosos”, virus que nuestros cuerpos necesitan para funcionar. De hecho, la gran mayoría de los virus tienen un impacto positivo en nuestro mundo. Si los virus no existieran, las bacterias se reproducirían tan rápidamente que cubrirían toda la tierra y sería imposible que cualquier otra cosa sobreviviera, nosotros incluidos.(3)

Esto plantea las siguientes preguntas: ¿Cuál es realmente el problema? ¿Las características fundamentales y naturales de nuestro entorno, o la forma en que estamos funcionando dentro de él? ¿Podría ser que nuestros cuerpos no están funcionando dentro del mundo natural de la manera en que se supone que deberían hacerlo? Un niño salvaje que ha sido privado de la comunidad humana y de las relaciones para las que ha sido creado no se moverá correctamente en su entorno. ¿Podría ser —esta es una pregunta planteada por el filósofo Peter van Inwagen (4)— que la humanidad en su conjunto esté viviendo separada de la relación para la que estaba destinada y lejos de la comunidad divina en la que se supone que “vivimos, nos movemos y existimos”?(5) En un escala cósmica, ¿podríamos ser niños salvajes, heridos por cosas que deberían producir asombro y alegría porque la relación entre criatura y creación se ha roto y está en un estado disfuncional?

El único mundo apto para ti y para mí

Hay mucho más que decir sobre este tema, pero por ahora aquí va una perspectiva más para tu consideración. A menudo, cuando pensamos en el tema del sufrimiento, lo hacemos de la siguiente forma: Primero nos vemos en este mundo, con todo su sufrimiento; luego nos imaginamos en un mundo muy diferente, sin sufrimiento o con mucho menos sufrimiento, y entonces nos preguntamos: “¿Dios no debería haberme hecho en este otro mundo?”. Es una reflexión razonable, pero también potencialmente problemática, porque nunca preguntamos si, en ese mundo tan diferente que Dios debería haber hecho, tú seguirías siendo tú, yo seguiría siendo yo, y las personas que amamos seguirían siendo ellas. En un momento de frustración con mi padre, podría desear que mi madre se hubiera casado con otro, tal vez con alguien más alto o más guapo o, ya sé, ¡con un productor de cine! ¡O un actor famoso! “Me habría ido mejor”, podría pensar. Pero después de tener ese pensamiento, debería detenerme y darme cuenta de que simplemente no es verdad. Si mi madre hubiera acabado con alguien que no fuera mi padre, quizás otro niño habría sido más alto y más guapo y protagonista de una película, pero ese niño no habría sido yo. ¡Yo no habría existido!

Ahora imagina cambiar no solo ese pequeño fragmento de la historia, sino la forma en que funciona todo el mundo natural. Imagina si no fuéramos susceptibles a las enfermedades, o imagina si la tectónica de las placas no se comportara como lo hace o si las leyes de la física hubieran sufrido un rediseño. ¿Cuál sería el resultado? Uno de los resultados es que ninguno de nosotros habría vivido.

Mi fe cristiana me lleva a creer que a Dios no le gusta ese resultado. Creo que una de las cosas que Él valora de este mundo, aunque odia el sufrimiento que hay en él, es que es un mundo que permitió que tú existieras, permitió que yo existiera y permitió que todas las personas que han vivido existieran. Creo firmemente que Dios te tenía en mente y te quiso antes de la fundación del mundo, te formó en el vientre de tu madre y ya te conocía desde antes de que nacieras. Él deseaba que existieras, y este mundo era el mundo que permitía que existieras y que pudieras reconciliarte con Él.

¿Tendremos todas las respuestas a la pregunta Si Dios existe, por qué permite el coronavirus? No, no las tendremos, pero no creo que debamos esperarlo. Esta mañana estaba pensando en mi hijo de un año Raphael y en cómo generalmente no entiende por qué a veces permito que sufra. Hace poco tuvimos que hacerle unas pruebas de corazón, y para que los médicos pudieran ver todo lo que necesitaban ver, tuve que sujetarlo mientras él gritaba horrorizado por todos los cables que salían de su pecho. Raphael no entendía nada. No entendía que yo lo estaba amando en ese momento. Y lo único que podía hacer como padre era decirle una y otra vez: “Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí”.

En última instancia, la razón por la que confío en Dios en medio de algo como el coronavirus no es solo por los argumentos filosóficos, sino porque creo que el Dios cristiano vino y sufrió con nosotros. Creo que, en la persona de Jesús, Dios nos está diciendo: “Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí”. En palabras del propio Jesús: “¡Aquí estoy! Estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo”.(6) Esa es la esperanza que tenemos: la esperanza de una relación restaurada con nuestro Creador ahora, que culminará con nuestro asombro ante una creación redimida que disfrutaremos junto a Él por toda la eternidad.

Vince Vitale
Director del Zacharias Institute de RZIM en Atlanta, Georgia (EE.UU.)

 

 

(1) Juan 11:1–44
(2) Juan 11:35
(3) Ver, por ejemplo, Anjeanette “AJ” Roberts, “Why Zika, and Other Viruses, Don’t Disprove God’s Goodness: A Microbiologist Reflects on the Problem of Evil in Human Diseases,” entrevista de Rebecca Randall, Christianity Today, 14 de agosto de 2018, https://www.christianitytoday.com/ct/2018/august-web-only/why-zika-and-other-viruses-dont-disprove-gods-goodness.html.
(4) Ver el artículo de van Inwagen “The Magnitude Duration and Distribution of Evil: A Theodicy” (Philosophical Topics 16.2, 1988) y su libro The Problem of Evil (Oxford University Press, 2006).
(5) Hechos 17:28
(6) Apocalipsis 3:20

Traducción: Dorcas González Bataller

El cáncer y la esperanza: reflexiones desde el hospital

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He estado pensando en lo mucho que el mundo físico refleja algunas verdades espirituales

Escribo desde un hospital oncológico en Texas. Hace dos meses, después de una cirugía de espalda me dieron la noticia de que tenía sarcoma, un tipo de cáncer poco común, y en la actualidad estoy bajo tratamiento. Gracias a Dios, siempre he gozado de buena salud, por lo que esto nos sorprendió a todos.

Siempre he creído en el poder del mensaje de Semana Santa, pero ahora lo creo aún más. Es el mensaje de esperanza definitivo, pues ofrece una esperanza que trasciende todas las demás esperanzas. De hecho, es el fundamento último de la esperanza.

Estos días de convalecencia he estado pensando en lo mucho que el mundo físico refleja algunas verdades espirituales. El cáncer es, literalmente, una célula dañina que comienza a duplicarse, acercando la muerte cada día más y superando a la célula genuina que da vida. Es asombroso cómo esto refleja la historia de la caída que encontramos en el libro del Génesis, cuando el enemigo de nuestras almas hizo que Adán y Eva cuestionaran a Dios. “¿Ha hablado Dios realmente?”. En lugar de elegir el aliento de vida que Dios da, permitieron que la célula dañina de la desobediencia y la autodeterminación se apoderara de toda la humanidad e hiciera metástasis. Leer más

La escena del milagro

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El ensayo “Sobre los milagros” (1748) de David Hume lideró el ataque contra todo lo milagroso, pensamiento que Antony Flew pulió, aunque tiempo después se desdijo. A día de hoy, los nuevos ateos continúan insistiendo en este tema, alegando que lo sobrenatural es incompatible con las leyes de un mundo natural. A este debate se suman muchos filósofos y científicos cristianos que, sin embargo, no están tan dispuestos a definir un milagro como algo que transgrede las leyes de la naturaleza. El físico y sacerdote anglicano John Polkinghorne, por ejemplo, sugiere que los milagros no son violaciones de las leyes de la naturaleza sino más bien “la exploración de un nuevo régimen de la experiencia física”.(1)

La posibilidad o imposibilidad de lo milagroso ha llenado las páginas de muchos libros y las salas de muchos debates y conferencias. Sin embargo, no llena ese momento en que una persona se descubre a sí misma —racionalmente o de otra manera— pidiendo a gritos una intervención, ayuda y certeza, es decir, un milagro. “Para la mayoría de nosotros”, escribe C.S. Lewis, “la oración en Getsemaní es el único modelo. Mover montañas puede esperar”.(2) A eso simplemente añadiría que a menudo la oración es ambas cosas: la súplica angustiada de Getsemaní —“por favor, líbrame de esto”— pronunciada al pie de una montaña imposible.

Ese momento llega cuando tenemos a alguien cercano en el hospital, cuando un matrimonio se está rompiendo, ante una grave injusticia o cuando nos enfrentamos a un miedo que nos paraliza. Sea como sea, parece que de una forma casi natural anhelamos la intervención de algo o alguien más allá de las leyes familiares de A + B que se sientan desafiantes frente a nosotros. A mi familia ese momento nos llegó con un cáncer, complicado por la insistencia bien intencionada en que creyéramos que Dios lo iba a quitar. Cuando fue la muerte la que nos quitó a nuestro ser querido, como les ha ocurrido a muchas otras familias, nuestra fe en los milagros —y en el Dios que hace milagros— también se tambaleó.

Robert Campin, Santa Trinidad (Trono de Dios), óleo sobre tabla, 1433-1435.

Me convertí en la protagonista de una escena dolorosa y desgarradora: cada vez que cerraba los ojos para orar, me venía a la mente un trono vacío. Era algo parecido a la visión de Isaías, pero sin manto ni nadie que llenara el lugar con su presencia.(3) No fue un “no” rotundo, sino una no-respuesta, un silencio impasible y agonizante que ya era, en cierto sentido, una respuesta. No fue hasta años después de aquella escena de oraciones frustradas que, maravillada nuevamente como Isaías, caí en la cuenta de que el trono estaba vacío porque el que lo ocupa había bajado para sentarse a nuestro lado mientras llorábamos.

Ese milagro no se parecía en nada al que estábamos esperando y, sin embargo, años después de que la muerte nos mostrara su aguijón, el don encarnado de un Dios que se acerca —viviendo y sufriendo con nosotros, incluso hasta el punto de probar la muerte— es indiscutiblemente el mayor de los milagros. No sé exactamente por qué en medio del dolor nos sentimos solos y abandonados. Quizá nuestros ojos estaban demasiado centrados en la escena milagrosa que nosotros queríamos, de tal forma que no podíamos ver ningún otro milagro. “Al parecer, a veces Dios nos habla más íntimamente cuando nos pilla, por así decirlo, desprevenidos”, escribe C. S. Lewis. “Nuestros preparativos para recibir [a Dios] a veces tienen el efecto contrario. ¿No dice Charles Williams en alguna parte que ‘a menudo debemos construir el altar en el lugar que sea, para que el fuego del cielo pueda descender sobre otro lugar’?”.(4)

Y ese otro lugar, ese nuevo régimen, el lugar donde Dios nos pilla desprevenidos, más a menudo de lo que pensamos suele estar justo delante de nosotros: cerca, pero no lo percibimos, milagroso, pero no lo reconocemos. En palabras de Marilynne Robinson, ganadora del Premio Pulitzer, “Me he pasado la vida observando, no para ver más allá del mundo, sino simplemente para ver —gran misterio— lo que está delante de mis ojos. Creo que el concepto de trascendencia se basa en una interpretación errónea de la creación. Con todo mi respeto hacia el cielo, la escena del milagro está aquí, entre nosotros”.(5)

¿Y si en lugar de buscar señales milagrosas del más allá, empezáramos a buscar una escena milagrosa más cercana? ¿Y si empezáramos a reconocer las invitaciones a explorar ese nuevo régimen de existencia física que trajo la Encarnación? ¿Y si empezáramos a catar las primicias de un banquete al que estamos invitados, incluso hoy? Podríamos decir que el milagro y el misterio están delante de nuestros ojos. Porque el cristianismo es la historia del gran Milagro, la historia del Hijo de Dios hecho hombre acercándose a nosotros no donde esperábamos, sino donde más le necesitábamos. Como el reino mismo y el Cristo que vino para anunciarlo, la escena del milagro puede estar más cerca de lo que pensamos.

Jill Carattini es directora editorial del blog “A Slice of Infinity” de la web de RZIM.

 

(1) John Polkinghorne, Faith, Science and Understanding (New Haven: Yale University Press, 2000), 59.
(2) C.S. Lewis, Letters to Malcolm Chiefly on Prayer (San Diego: Harcourt, 1992), 60.
(3) Ver Isaías 6.
(4) Lewis, 117.
(5) Marilynne Robinson, The Death of Adam (New York: Houghton Mifflin, 1998), 243.

 

Traducción: Dorcas González Bataller

El COVID-19 y las preguntas que me deja

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Con la crisis del coronavirus, una de las cosas que estamos descubriendo estos días es que quizá no teníamos tanto control como pensábamos. Como señaló el artista Lecrae en sus redes sociales, “No hemos perdido el control de nuestras vidas; se ha roto la ilusión de que alguna vez hayamos estado en control de nuestras vidas“. No es algo totalmente negativo: un baño de realidad puede ayudarnos a reordenar prioridades, a replantear expectativas (quizá no somos tan poderosos e independientes como pensábamos) y, más agudamente, a repensar cuáles son nuestros anhelos más profundos. Leer más

En la epidemia, la confianza triunfa sobre el miedo

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Vivimos días de ansiedad e incertidumbre. El mundo entero está con miedo. De pronto hemos tomado conciencia de la fragilidad de la vida. ¿Qué pasará mañana? La fortaleza en la que el Hombre contemporáneo se creía seguro se ha tornado debilidad, hay grietas en los pilares y nos sentimos vulnerables. La gente busca un mensaje de serenidad y tranquilidad. 

Una situación de crisis como la que estamos viviendo sacude nuestra filosofía de vida y debilita nuestra autosuficiencia. Ello nos obliga a buscar refugio en valores seguros. En los ámbitos financieros se recurre al oro cuando la bolsa se hunde. ¿Cuál es el equivalente del “oro” en nuestra vida? ¿Dónde podemos poner nuestra confianza? Esta es la pregunta clave. Leer más

Una reflexión sobre la crisis del coronavirus

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La mayoría de nuestras naciones están siendo violentamente sacudidas por el brote de coronavirus. ¿Cuándo, si no es en estos momentos, somos llamados a levantarnos y brillar?

El coronavirus, el amor al prójimo y la cuarentena en la Biblia

Ya en el Antiguo Testamento encontramos regulaciones de cuarentena muy estrictas para los que padecen enfermedades infecciosas (Levítico 13 en adelante). Cuando los cristianos siguen el consejo médico y las restricciones del gobierno para, por ejemplo, reducir drásticamente todo contacto social, no es una expresión de incredulidad (como si Dios no tuviera el poder de protegernos o curarnos). Más bien, es lo que exige la sabiduría y, sobre todo, el amor al prójimo. La ecuación es sencilla y seria: cuanto más baja sea la tasa de infección viral, menor será el número de personas vulnerables que morirán. ¡Dónde podamos contribuir a ese resultado, debemos hacerlo! Leer más

Alguien te busca incansablemente

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“Debes imaginarme solo, en aquella habitación del Magdalen, noche tras noche, sintiendo, cada vez que mi mente se apartaba por un momento del trabajo, el acercamiento continuo e inexorable de Aquel con quien, tan fervientemente, no deseaba encontrarme. Aquel a quien temía profundamente cayó al final sobre mí. En el último trimestre del curso de 1929 cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé; quizá fuera, aquella noche, el converso más desalentado y reacio de toda Inglaterra. Entonces no vi lo que ahora es más fulgurante y claro: la humildad divina que acepta a un converso incluso en esas condiciones. Al fin el hijo pródigo volvía a casa por su propio pie. Pero ¿quién puede adorar a ese Amor que abrirá las puertas a un pródigo al que traen revolviéndose, luchando, resentido y mirando en todas direcciones buscando la oportunidad de escapar?”.(1) Leer más

Verdad o Amor: ¿por cuál te decantas tú?

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Vivimos en la sociedad de la posverdad. Eso decía The Economist hace un tiempo, y no hace mucho, el Diccionario Oxford eligió “posverdad” como Palabra del Año. Si retrocedemos un poco más en el tiempo, con un 11% de votantes estadounidenses que creyeran que eras “honesto y de confianza” tenías suficiente como para llevar 9 puntos de ventaja en la carrera para ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. Pero, por supuesto, esos sondeos también eran posverdad.

Estamos muy confundidos respecto a la verdad: está la verdad, y luego está la verdad al desnudo. Está la verdad, y luego está la verdad del evangelio (aunque muchos consideren que el evangelio es falso). Está la verdad, y luego está la verdad absoluta (aunque para muchos esta ya no tiene nada que ver con Dios).

Estiramos la verdad, torcemos la verdad y desfiguramos la verdad. Enterramos la verdad porque la verdad duele. Cuando queremos que algo no sea verdad, tocamos madera. Cuando queremos que algo sea verdad, cruzamos los dedos. ¿En qué cruz de madera estamos poniendo nuestra confianza? Leer más