Category

Artículos

¿Qué te ha pasado en las manos?

Por | Artículos

A menudo cito lo que el periodista y presentador estadounidense Larry King dijo cuando alguien le preguntó: “Si pudieras entrevistar a cualquier personaje de la historia, ¿a quién escogerías?”. King respondió que le encantaría entrevistar a Jesucristo. Continuó diciendo: “Le preguntaría si realmente nació de una virgen. En mi opinión, la respuesta a esa pregunta es la clave para entender la historia”. La primera vez que pedí permiso para citarle, a través de un amigo en común, King contestó afirmativamente y añadió: “Y dile que no estaba bromeando”. Le creo. ¿A quién no le gustaría entrevistar a Jesús?

No es posible vivir sin hacer preguntas. Y para encontrar respuestas, ¿qué mejor fuente que aquel que dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”? Si pudiéramos estar cara a cara con aquel de quien proviene la vida, qué deliciosos serían esos momentos en los que nos acechan las preguntas más desconcertantes y dolorosas. Aquellos hombres que iban de camino a Emaús, que aún no eran conscientes de que caminaban junto al Jesús resucitado, explicaron que el corazón les ardía cuando él les desvelaba el pasado, el presente y el futuro. Cuando se dieron cuenta de quién se trataba, fue como si se hubiera encendido la luz que alumbraba toda la historia.

Del mismo modo, cuando llegue el momento de sentarnos a la mesa con el Señor de la historia, puede que la respuesta para el escéptico y el creyente sea tan visible que no haga falta decir nada. Este es el pensamiento que me vino a la mente al leer la pregunta que aparecía en un cuadro que vi en la oficina de un pastor en Puerto Rico. Ya desde la puerta, mis ojos se clavaron en aquella obra que quedaba frente al escritorio. En ella, una niña sostenía la mano de Jesús, que la miraba con ternura mientras ella le preguntaba: “¿Qué te ha pasado en las manos?”. Sospecho que esa pregunta responde a la duda del escéptico, a la hipocresía del creyente y a la desesperación del que sufre.

Además, añade profundidad a la pregunta de Larry King. El nacimiento virginal probablemente solo sirva para demostrarle al escéptico que el naturalismo no puede explicar la existencia del universo, para probarle que Dios ha intervenido de forma sobrenatural en la historia. En un marco sobrenatural eso es posible. Pero “¿Qué te ha pasado en las manos?” responde a qué es lo que hizo falta para salvarme de un intelecto egoísta o de una moralina arrogante. Ofrece una respuesta visual de lo que Cristo estuvo dispuesto a hacer para encontrarse conmigo en medio de mi dolor, y me lleva a un lugar en el que ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Entierra a ese ego que solo busca engrandecerse y hace renacer a la persona que Dios creó de forma única. Dicho de otro modo, en la cruz lo pierdo todo para poder obtener mi mayor ganancia.  Cuando el escéptico y el creyente logran ver las marcas que nos hacen exclamar “¿Qué te ha pasado en las manos?”, las preguntas de la vida cesan y las respuestas brotan de lo más profundo del alma.

Desde los periodistas como Larry King hasta cualquiera de nosotros que batalla con las preguntas de la vida, la respuesta es la misma para todos. Cuanto más mayor me hago más creo que no es que nos falten evidencias, ni tampoco que nos falte el conocimiento sobre qué significa realmente seguir a Jesús. A la mayoría, lo que nos falta es la valentía y el contentamiento para ir a la cruz y morir a nosotros mismos, para hacer que el mundo pregunte “¿Qué te ha pasado en las manos?”. Es en la cruz donde convergen el propósito de la historia y el propósito de la vida. Seguiremos teniendo preguntas. Pero, en mi opinión, ambos nos recuerdan a dónde nos deben llevar en última instancia las respuestas. Con esto en mente, Calvin Miller dijo:    

“El sermón y el Espíritu siempre trabajan juntos para traer liberación. A veces el Espíritu y el sermón sí ofrecen respuestas directas a las necesidades del ser humano, pero la mayoría de las veces responden de forma indirecta. El sermón, por más apasionado que sea, no puede solucionar esos problemas irresolubles. Más bien, junto con el Espíritu, el sermón muestra que tener respuestas no es fundamental. Lo que sí es fundamental es ser consciente de la presencia de Dios durante las etapas oscuras de incertidumbre. Nuestra necesidad de obtener respuestas desaparece ante la perspectiva del Señorío de Cristo sobre todas las preguntas: las que tienen respuestas y las que no”. 

De la reflexión de Miller, solo cambiaría la última línea para que dijera: “las que tienen respuestas intelectuales y las que trascienden el intelecto”. O mejor aún: “las que Belén puede responder y las que solo el Calvario puede responder”.

 
 

Ravi Zacharias
Fundador y presidente de la de junta de RZIM

 

 

Traducción: Dorcas González Bataller

Luto por el trágico accidente aéreo de Ethiopian Airlines

Por | Artículos

John Njoroge estaba facturando para volar a Addis Ababa con Ethiopian Airlines cuando vio que el vuelo ET302 acababa de estrellarse y que de las 157 personas a bordo no había ni un superviviente. Lee esta emotiva y profunda reflexión.

 

En este mundo no faltan recordatorios de la brevedad y la fugacidad de la vida. Hace miles de años, el autor del libro de Eclesiastés que aparece en la primera mitad de la Biblia, dijo que cuando miramos la vida desde una perspectiva horizontal (la expresión que usa hasta 28 veces es “bajo el sol”) esta no tiene sentido alguno. Los filósofos existencialistas como Jean Paul Sartre y Albert Camus lo dijeron bien claro: salvo el sentido reducido y subjetivo que cada uno puede dar a su propia vida, la existencia humana carece de un sentido último y objetivo. Como alguien ha dicho, “Primero la vida es dura, y luego te mueres”. Leer más

El problema de la proximidad

Por | Artículos

¿Cuándo fue la última vez que viste la Vía Láctea? Vivimos en un planeta que tiene una vista extraordinaria del cielo nocturno. Los registros históricos muestran que, desde las primeras pinturas y escritos que se conservan, los seres humanos hemos contemplando la expansión infinita que se abre sobre nuestras cabezas y hemos reflexionando sobre nuestro propio significado. Aunque todos deberíamos poder asomarnos a las profundidades del firmamento, es muy probable que no hayas visto el cielo nocturno claramente desde hace bastante tiempo. Hay varias razones de por qué esto es así. En primer lugar, muchos vivimos en lugares donde la contaminación no nos deja ver más allá de lo que hemos creado. En segundo lugar, la mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos inclinados hacia abajo mirando nuestros dispositivos y consumiendo material digital en lugar de inclinarnos hacia atrás para disfrutar de la grandeza que nos trasciende. La tercera y última razón es el problema de la proximidad. La razón por la que la mayoría de nosotros no tenemos una visión clara de las estrellas es la contaminación lumínica. No podemos ver el firmamento a causa de la luz que constantemente hay a nuestro alrededor. Muy pocos de nosotros estamos en algún momento totalmente a oscuras porque siempre tenemos una luz cerca o en nuestro bolsillo. Leer más

El autor que irrumpe en su propia historia

Por | Artículos

El escritor de ciencia ficción Kurt Vonnegut dijo una vez de uno de sus personajes más recurrentes: “Trout es el único personaje que he creado con la suficiente imaginación como para sospechar que él mismo podría ser la creación de otro ser humano. En varias ocasiones le habla de esa posibilidad a su loro. Por ejemplo, en cierta ocasión le dice: ‘Francamente, Bill, si miras cómo me van las cosas, la única explicación que se me ocurre es que soy el personaje de un libro escrito por un autor que quiere escribir sobre alguien que siempre sufre”(1). En esa escena del libro El desayuno de los campeones, la sospecha de Kilgore Trout se confirma de forma palpable. Está sentado en un bar, tranquilo. De repente ocurre algo que le sobrecoge: alguien o algo ha entrado en el local. Él empieza a sudar, consciente de una presencia que le incomoda, pues es preocupantemente mayor que él.  Leer más

¿Dónde está Dios?

Por | Artículos

En cierta ciudad vivía un zapatero remendón llamado Martin Avdeitch. Martin vivía en una pequeña habitación con una única ventana desde la que solo se veían los pies de la gente al pasar. Pero como casi todas las botas de la ciudad habían pasado por sus manos en algún momento, nuestro protagonista reconocía a las personas por sus zapatos. Día tras día trabajaba en aquel sótano, viendo las botas pasar. En cierta ocasión soñó que frente a su ventana se detendrían los pies del Maestro, y se pasó todo el día esperando. En su lugar, se detuvieron durante un largo rato las botas raídas de un viejo soldado. Aunque decepcionado al principio, Martin pensó que aquel hombre debía tener hambre y le invitó a entrar para ofrecerle un lugar junto al fuego y una taza de té. Esa tarde tuvo más visitas y, aunque desafortunadamente ninguna de ellas era Cristo, las invitó a pasar. Cuando ya al final del día se sentó a descansar, Martin oyó una voz que susurraba su nombre mientras leía las siguientes palabras: “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me disteis alojamiento. Os aseguro que todo lo que hicisteis aún por el más pequeño de estos, por mí lo hicisteis”. [1] Leer más

El ateísmo: tan antiguo como el mundo

Por | Artículos

Pensamos que el ateísmo es una filosofía moderna, que la ciencia y su legado han dado lugar a la autonomía y a nuestra soledad en el universo. No es así. Puede que haya tardado en formalizarse y en obtener cierto respeto intelectual, pero la pregunta se remonta al principio de los tiempos. Desde los inicios, la pregunta no giró en torno al origen de las especies sino en torno a la autonomía de las especies. Somos más dados a citar el debate entre Wilberforce y Huxley o el conflicto entre Galileo y la Iglesia que a mirar hacia atrás y ver dónde empezó la verdadera tensión. Leer más

El abrazo que acaba con la soledad

Por | Artículos

Vincenzo Ricardo. Si ese nombre no te dice nada, no eres el único. Y parece ser que a nadie le decía nada exceptuando, quizá, al tal Vincenzo Ricardo. De hecho, ni siquiera se llamaba así. Su verdadero nombre era Vincenzo Riccardi, pero al parecer ningún diario lo escribió correctamente cuando alguien descubrió su cuerpo momificado en Southampton, Nueva York. Llevaba 13 meses muerto. Lo encontraron sentado en una silla frente a la tele, que aún seguía encendida.1 La televisión era su única compañía, y aunque esta tenía mucho que contarle, a ella le daba igual si Vincenzo estaba vivo o muerto. Leer más

La mente de Jesús, la más sana de todas

Por | Artículos

“No puedo creer que un loco (Jesús) pueda haber tocado e inspirado las vidas de millones de personas”.

Así respondía Bono, el cantante de U-2, a una pregunta sobre su fe en Jesús en una entrevista para la televisión pública irlandesa. Sus palabras reflejan la experiencia de muchos otros que han visto sus vidas cambiadas por la persona y el mensaje del Maestro de Galilea. 

¿Por qué Jesús ejerció —y continua ejerciendo— un poder de fascinación tan grande sobre hombres y mujeres, una fascinación que cautiva tanto a cristianos como a no cristianos? ¿Acaso puede un enfermo mental tener una influencia tan extraordinaria sobre la vida de las personas?

¿Qué magnética atracción, qué formidable poder de convicción hay en Jesús para que un hombre como Dostoievsky escriba: “Si alguna vez alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y que en realidad la verdad está fuera de Cristo, entonces preferiría permanecer con Cristo que con la verdad”? Leer más

Un caleidoscopio de colores

Por | Artículos

Cuando mi hijo tenía tan solo cuatro años, tuvimos que mudarnos a otra ciudad. Un día lanzó una pregunta que provocó las risas de toda la familia y nos dejó con aires nostálgicos. Íbamoams en coche y de repente le pregunta a mi mujer, que es de Canadá:

—Mamá, ¿a qué edad nos volvemos negros? —la pilló completamente desprevenida. —¿Qué quieres decir? —replicó ella.

—A ver —respondió él con voz pensativa e inocente—, tú eres blanca; nosotros somos beige y papá es marrón. ¿Cuándo nos vamos a volver negros?

¡Qué bonito sería si la vida proveyera de esa secuencia de colores! En su joven mente, tan libre de sesgos doctrinales, concebía la vida como un caleidoscopio cronológico de colores y, según parece, incluso imaginó la posibilidad de que cada uno experimentaría las alegrías y aflicciones de todos los demás. Tal vez viviendo por un tiempo en el mundo de otras personas, sumergidos en sus historias, nos comprenderíamos mejor los unos a los otros. Leer más

“Solo eres cristiano porque tus padres lo son. ¿Cómo sabes que no estás equivocado?”

Por | Artículos

No hay duda de que en el mundo pluralista en el que vivimos, esta es una de las principales objeciones a la fe cristiana. El argumento va así: “Eres cristiano porque tus padres lo son, y ese otro es musulmán porque sus padres lo son, y el de más allá es budista porque sus padres son budistas.” O a veces la objeción es geográfica: “Si hubieras nacido en Egipto, no serías cristiano”. Y todo esto suele desembocar en: “¿Cómo sabes que no estás equivocado? ¿No es un poco arrogante pensar que eres tú el que tiene la razón?”. Algo así me pasó ayer en una conversación, y eso puede dar pie a una respuesta que tiene varias dimensiones.

Primero, hay una respuesta filosófica porque una afirmación o pregunta como esta suele basarse en una de las falacias lógicas más comunes. Una falacia lógica es un argumento que parece válido, pero que no lo es, y que puede ocurrir conscientemente o no.

La lógica nos dice que este argumento, la falacia genética, no funciona. ¿Cuándo ocurre esta falacia? Cuando intentamos juzgar un argumento o idea como buena o mala según de dónde o de quién provenga. Leer más