Casi todos los años, cuando llega Semana Santa aparece algún artículo cuestionando la veracidad de la resurrección. Son muchos los que dicen que existen muy pocas evidencias históricas a favor de la resurrección —después de todo, no se ha registrado ni documentado ninguna otra resurrección desde la de Jesús. También dicen que hay muy poca literatura histórica que respalde lo que los Evangelios explican y, además, los autores de los cuatro Evangelios ni siquiera se ponen de acuerdo sobre qué es exactamente lo que ocurrió. ¿Hasta qué punto son ciertas estas afirmaciones?

Es verdad que al leer de forma detenida el relato de los cuatro evangelistas sobre la resurrección vemos muchos énfasis y detalles distintos. Mateo, por ejemplo, nos cuenta que ocurrió un gran terremoto porque “un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra y se sentó sobre ella” (Mateo 28:2). Marcos, por otro lado, nos dice que en el sepulcro había un “joven vestido con un manto blanco, sentado a la derecha”, que anunció a las mujeres que Jesús había resucitado (Marcos 16:5). Lucas nos dice que a las mujeres “se les presentaron dos hombres con ropas resplandecientes” (Lucas 24:4), y Juan, el discípulo amado, nos cuenta que en la tumba vacía él vio las telas de lino que habían envuelto el cuerpo de Jesús (Juan 20:5-7). Es cierto que existen diferencias si comparamos lo que cada evangelista dice sobre la resurrección de Jesús. Pero eso es lo normal cuando hay distintos testigos. Nadie cuenta el mismo suceso de la misma forma.

Sin embargo, hay un detalle que es idéntico en los cuatro testimonios: el anuncio de la resurrección se hace primero a las mujeres que siguieron a Jesús (Mateo 28:1, Marcos 16:1, Lucas 23:55-24:5, Juan 20:1). ¿Por qué es relevante que los testigos inmediatos de la resurrección sean mujeres? Son varias las razones que se han ofrecido: son las que se quedaron con él durante la crucifixión, así que se apareció primero a los que estuvieron con él hasta el final; en el judaísmo del primer siglo, tradicionalmente eran las mujeres las que realizaban los rituales para el sepelio, así que fueron testigos por defecto. Otros sugieren que aquellas primeras testigos representan al Jesús que elevó la posición de la mujer del siglo I, y de todas las épocas.

Es cierto que, históricamente hablando, todas esas explicaciones tienen sentido. Pero existe otra explicación que es más estratégica: en el siglo I, la mujer no se consideraba un testigo fiable.  Este es, de hecho, el argumento de más peso a favor de la resurrección de Jesús. La mujer no podía testificar en un juicio. Ningún hombre en su sano juicio daría crédito al testimonio de una mujer. Entonces, ¿por qué los autores de los evangelios las ponen como testigos de un suceso como la resurrección? Si querían que la gente creyera lo que contaban, ¿no habría tenido más sentido poner a hombres como testigos?

El sacerdote anglicano y físico cuántico John Polkinghorne responde esta pregunta con un “no” rotundo cuando escribe:

“Quizás la razón más poderosa para tomarse en serio los relatos sobre la tumba vacía sea el hecho de que las protagonistas principales son mujeres. No tendría sentido que alguien del mundo antiguo se inventara una historia y luego otorgara el papel principal a un grupo de mujeres, pues se creía que no tenían la capacidad suficiente para ser testigos fiables en un juicio. Es mucho más probable que los Evangelios las mencionen porque sí desempeñaron el papel que les asignan y que, como testigos, hicieran un descubrimiento sorprendente.”1

En este sentido, estas mujeres son el argumento más sólido a favor de la resurrección. El hecho de que nadie las iba a tomar como testigos fiables es lo que hace que el relato de los evangelistas sea creíble; porque, ¿quién iba a inventar una historia como esta, para luego estropearla poniendo a mujeres como testigos?

Este ejemplo es un reflejo de la apologética inesperada de Dios. Dios continuamente utiliza a aquellos que menos esperaríamos de maneras sorprendentes y extraordinarias. Y esta es la apologética de Dios a lo largo de la historia de la redención: Débora, una mujer, juez de Israel; Gedeón, el menor y más insignificante de su tribu y familia, derrota a los madianitas; David, el más joven de su familia y un simple pastor, es nombrado rey; Jael, una mujer no judía, derrota al rey cananeo Sísara; Josías, rey de Israel con tan solo 8 años de edad, reforma una nación; Amós, un simple pastor, convertido en profeta del pueblo de Dios; y por último, cobradores de impuestos, pescadores y mujeres —María, la madre de Jesús, María Magdalena, María de Betania, Marta y Salomé— como testigos de los hechos y las enseñanzas de Jesús. Dios escoge a los que normalmente pasaríamos por alto o ignoraríamos, aquellos que son los últimos y los más insignificantes de su sociedad, para ser testigos de la obra de salvación que Dios está realizando.

En su día, y por razones distintas, todos estos testigos fueron testigos inesperados. Pero cada uno de ellos nos habla de una apologética inesperada: Dios utiliza y escoge a aquellos que menos esperamos, a aquellos en lo que no pensaríamos,  para dar testimonio de lo que Dios está haciendo en este mundo y en nuestras vidas. ¿Y qué esperaríamos de un Dios que levantó a Jesús de los muertos? Lo inesperado…

 

Traducido y adaptado por Dorcas González Bataller
Fuente: Preguntas y respuestas / rzim.org / Margaret Manning Shull
John Polkinghorne, Exploring Reality: The Intertwining of Science and Religion (New Haven: Yale University Press, 2005), 86-87. [Explorar la realidad. Sal Terrae, 2007].

3 comentarios

  • Miller fabio dice:

    gracias por este comentario sobre la resurrección me ayuda a ampliar la visión que tenia sobre el mismo evento Dios les bendiga

    • Miller fabio dice:

      Gracias por este articulo sobre la resurrección , lo he estudiado ,aun predicado y la forma como en este articulo lo muestran me gusto mucho, Dios les bendiga

  • Salvador Román dice:

    Que Dios los bendiga por este ministerio que en Latino América tiene mucha importancia pues se inicia la batalla por la fe, en institutos, en universidades, y escuelas, donde se coló el secularísmo ateo y es hoy un monstruo gigantesco con cabezas que destruyen la fe de los jóvenes cristianos, vaciando las iglesias, provocando divorcios y mucho más. pero Él esta a nuestro lado como poderoso gigante, para ser sal y luz a nuestro derredor. por favor sigan dandonos armas apologéticas, las necesitamos a veces desesperadamente.

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