Hoy está muy extendida la creencia de que la Biblia es una conspiración del patriarcado que se ha usado para oprimir a las mujeres. Como mujer que se dedica a dar conferencias, muchos me hacen la siguiente pregunta: “¿Cómo tú, siendo mujer, puedes promover un libro tan sexista? ¡La iglesia ha intentado reprimir a la mujer!”. Como cristiana, debo tener en cuenta las razones que hay detrás de una pregunta así. Pero aunque es cierto que la religión ha discriminado a las mujeres, quiero animarte a que examines qué dice la Biblia sobre este tema. ¿Cómo puede ser que muchos de los grandes personajes judíos y cristianos fueron mujeres? ¿Qué dice la Biblia realmente respecto a la mujer? 1

A lo largo de la Biblia encontramos numerosas imágenes positivas de la mujer y muchas historias en las que esta tiene un papel activo. En el Antiguo Testamento vemos que la mujer ha sido creada a imagen de Dios. Cuando se habla del final de los tiempos y de la segunda venida de Cristo, la iglesia es representada como la novia de Cristo. Desde el principio hasta el final, la Biblia incluye a la mujer como una parte esencial de la tradición judeocristiana. Aunque es cierto que la Biblia está escrita a lo largo de un amplio periodo de tiempo y en medio de culturas en las que la mujer no disfrutaba de los mismos derechos que el hombre, no sería cierto decir que el mensaje de la Biblia es sexista o discriminatorio.

Sadao Watanabe, María Magdalena. Impresión stencil kappazuri coloreada a mano sobre papel momigami, 1963.

 

En el Nuevo Testamento hay varios acontecimientos importantes en los que participan mujeres, dato sorprendente si tenemos en cuenta el contexto cultural conservador en el que fue escrito. Encontramos una muestra de ese contexto en una breve frase que aparece en el conocido relato del encuentro de Jesús con la mujer samaritana. En el Evangelio de Juan 4:27, esa breve frase revela que la voluntad de la Biblia es afirmar a las mujeres. Cuando los discípulos regresan donde estaba Jesús y lo encuentran conversando con aquella mujer, el texto dice que “se sorprendieron de verlo hablando con una mujer”. Ese es el contexto en el que Jesús se movía y, sin embargo, una y otra vez sacude las costumbres de su cultura.

En primer lugar lo hace teniendo discípulas. En una cultura donde la idea de que un grupo de mujeres viajara de un lugar a otro con un grupo de hombres era inaceptable, como también lo era que tuvieran el título de discípulas, Jesús, aquel maestro itinerante, incluye a un grupo de mujeres en su círculo que además eran capaces de contribuir económicamente para las necesidades del grupo. De hecho, cuando le dicen a Jesús que su madre y sus hermanos están esperándole fuera, él apunta a sus discípulos y dice “Aquí están mi madre y mis hermanos”. Estas palabras solo tienen sentido si había mujeres entre sus discípulos. En la cultura de Oriente Medio del siglo I habría sido una grave ofensa mencionar a una mujer para referirse a un grupo de hombres. Por tanto, no cabe duda de que el grupo de discípulos al que estaba apuntando debía incluir a algunas mujeres.

En el Nuevo Testamento también vemos a Jesús enseñando a mujeres. En el Evangelio de Lucas 10:38 leemos que María que sienta a los pies de Jesús para disfrutar de su enseñanza teológica, ante la preocupación de su hermana. La expresión “sentarse a los pies de” es la misma que aparece en Hechos de los Apóstoles 22:3, donde Pablo describe su formación bajo el rabino Gamaliel. La clara implicación del pasaje de Lucas es que María tiene tanto derecho como Pablo a recibir instrucción teológica de un rabí; es muy interesante que más adelante, en el Evangelio de Juan, leemos que Marta, la hermana de María, es la primera en escuchar de la boca del maestro una de las afirmaciones teológicas más sorprendentes del Nuevo Testamento. Jesús le dice a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera”. En contraste con las normas culturales de la época, Jesús reveló grandes verdades teológicas a mujeres. La primera persona que descubre la verdadera identidad de Cristo en el Evangelio de Juan es la mujer samaritana que se encuentra en el pozo de Jacob. ¿Vemos lo radical que esto es? Al enseñar a mujeres y permitirles ser sus discípulas, Jesús está rompiendo con varios tabús de su época.

Está claro que las mujeres tuvieron un rol muy activo en el ministerio de Jesús, sirviendo de ejemplo para sus enseñanzas como siendo receptoras de ellas. Aunque en el siglo XXI eso nos parece de lo más lógico y normal, debemos recordar que en la Palestina del siglo I esto era algo radical. Jesús deliberadamente afirmó e incluyó a las mujeres. En los primeros años de la iglesia vemos una continuidad, desde Lidia hasta Tabita, pasando por las hijas de Felipe, todas ellas con un rol activo en la iglesia. Aunque es cierto que hay dos pasajes en los escritos de Pablo que parecen ir en contra de todo esto, pasajes en los que ordena a algunas mujeres guardar silencio y prohíbe a otras enseñar, estos deben leerse e interpretarse a la luz del resto de la Biblia. Pablo mismo da algunas directrices para las mujeres que profetizan en público y menciona a mujeres que enseñaban, como es el caso de Priscila. 

Cuando nos acercamos al texto de la Biblia con el tema del sexismo en mente tenemos que reconocer que, aunque a Dios se le representa casi siempre con imágenes masculinas y Dios se hace como uno de nosotros en la figura de un hombre, eso no quiere decir que la Biblia rebaja e infravalora a la mujer. En alguna ocasión se representa a Dios con imágenes femeninas, y Jesús constantemente afirma el valor de las mujeres, enseñándoles e interactuando con ellas como seres humanos. Hombre y mujer han sido creados a imagen de Dios y ambos son tan valiosos que Cristo viene a la tierra a redimir a hombres y a mujeres con la sangre que derramó en la cruz.

 

Amy Orr-Ewing
Codirectora de Oxford Centre for Christian Apologetics y directora de RZIM para la región EMEA.

 

 

Traducción: Dorcas González Bataller

1 Una versión de este artículo se publicó primero en Idea Magazine, Julio/Agosto 2005. Ver también el libro de Amy Orr-Ewing Is the Bible Intolerant? (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2006).