¿Cómo sabes que Dios existe? ¿Cómo sabes que Dios te ama? ¿Cómo sabes que Dios no está ausente? Para muchos, estas preguntas tienen respuestas tan reales como los momentos formativos de su vida.

Cuanto más mayor me hago, más tiendo a la nostalgia. Muchos de nosotros lo hacemos de forma instintiva, aferrándonos a recuerdos del pasado, quizá mirando atrás con la esperanza de ver que nuestras vidas tienen algún propósito. Cuando viajo a la India, una y otra vez hago todo lo posible por visitar esos lugares asociados a momentos significativos de mi vida. Mientras recuerdo momentos pasados, pero no olvidados, oigo la voz apacible del Dios que está presente. Dios me dice: Yo estaba ahí contigo. Cuando estabas sentado en tu bici pensando en suicidarte, yo estaba ahí. Cuando tan solo tenías nueve años y tu abuela murió, yo me encargué de que en su lápida grabaran el versículo que años después te acercaría a mí. Yo estaba ahí.

Muchas veces, es en esos momentos desgarradores —el divorcio de tus padres, el nacimiento de tu bebé, la muerte de un ser querido— donde Dios deja una huella clara. Es normal recordar esos momentos de forma vívida. Tenemos la opción de escuchar o ignorar, pero sea como fuere, su voz irrumpe en nuestros recuerdos susurrándonos Yo estaba ahí. Dios ha estado presente en nuestro pasado. Dios está aquí ahora. Y Dios estará con nosotros en el futuro. Y no es una promesa cualquiera, pues el cuerpo y la sangre de Jesucristo nos garantizan que esa promesa es verdad.

Henry Ossawa Tanner, Cristo aprendiendo a leer, óleo sobre lienzo, 1914.

Como C. S. Lewis dijo, Dios existe en el “ahora eterno”. Y el salmista, que siempre escribe con los pies clavados en su realidad presente, pero con los brazos extendidos hacia lo eterno, escribe: “Tú eres Dios y de generación a generación eres el mismo”. Aunque la mirada retrospectiva suele ser la forma en la que Dios nos muestra que sí estaba con nosotros, en medio del peligro presente podemos tener fe. Porque cuando vemos sus huellas en el pasado, de algún modo misterioso y bello, aquel que lloró con la amiga que le recriminó “¿Dónde estabas?” nos sostiene en medio de nuestro dolor. Junto a la tumba de Lázaro, Jesús mostró a María un destello del amor de Dios, aunque él sabía que tanto a ella como a su hermano Lázaro les aguardaba un futuro aún mejor. Cristo es la promesa viva de Dios: estuve contigo entonces. Estoy contigo ahora. Y te amo. 

William Shakespeare escribió esta hermosa sentencia: “El amor buscado es bueno, pero el no buscado es mejor”. Es decir, el amor que te dan sin tú buscarlo es mucho mejor. ¿Cómo sabes que Dios te ama? Mientras tú y yo aún caminábamos sin rumbo, Cristo caminó hacia nosotros. Aunque alcanzarnos supusiera pasar por la cruz. El amor encarnado, buscando al ser humano perdido. Y esa entrega por nosotros es la marca más clara de su presencia.

 

 

Ravi Zacharias
Fundador y presidente de la de junta de RZIM

 

Traducción: Dorcas González Bataller